Fuente: Julia Carabias, para Reforma, 9 de enero de 2010.
No hemos terminado de recuperarnos de la debacle de la COP 15 cuando ya hay que empezar a trabajar intensamente para la COP 16. Con el año, inicia la cuenta regresiva. No se puede repetir el fracaso de la Conferencia de Copenhague y llegar a noviembre de este año a la COP 16, que tendrá lugar en la Ciudad de México, sin acuerdos previos. El tiempo se nos acaba. Es impostergable iniciar el cabildeo y las negociaciones a partir del punto en el que se quedaron en diciembre pasado. Tarea nada fácil ante los escasos avances obtenidos en la COP 15. Sin embargo, la ruta quedó trazada y los países clave se pronunciaron e iniciaron el diálogo; no obstante, a todos dejaron insatisfechos.
Aunque el principio de responsabilidad compartida pero diferenciada sigue siendo vigente, ello no excluye que todos los países deben contribuir a resolver el problema del cambio climático. Si bien es cierto que los países desarrollados han abusado del libre uso de la atmósfera, a costa del derecho que también tienen los países en desarrollo de usar ese mismo bien público a favor de su crecimiento económico, el hecho es que la capacidad de la atmósfera de recibir más emisiones se ha rebasado y el desarrollo debe entonces hacerse bajo otros patrones de producción y consumo que no impliquen repetir los mismos atropellos.
Es indispensable entender, además, que al disminuir el consumo de combustibles fósiles y evitar la deforestación, no sólo se está contrarrestando el cambio climático y sus impactos nocivos, sino que, al mismo tiempo, se avanza en los objetivos de las agendas nacionales para el desarrollo sustentable ya que, con ello, se combate la contaminación y la pérdida del capital natural y se mejoran las condiciones de salud pública, de seguridad energética y alimentaria.
¿Cuáles serían los elementos mínimos que debería contener un acuerdo multilateral para garantizar que la humanidad no interfiera en la atmósfera a niveles riesgosos para el desarrollo y para los sistemas ecológicos? A continuación se señalan algunos de ellos: -Asumir que la temperatura de la atmósfera no debe elevarse más de 2 grados centígrados y que las concentraciones totales de gases efecto invernadero (GEI) no deben superar 450 partículas por millón (ppm) de CO2 equivalente.
-Reconocer que las emisiones, por habitante, de GEI no deben rebasar 2.4 toneladas de CO2e en el año 2050.
-Comprometerse a que las emisiones globales de GEI alcancen su máximo valor, a más tardar, en los próximos 10 años y, a partir de entonces, reducir su generación paulatinamente para que en 2050 se emita sólo la mitad de lo que se produjo este año, es decir, 25 gigatoneladas de CO2e como máximo.
-Lograr que el crecimiento económico de los países en desarrollo, indispensable para alcanzar el bienestar de su población y la superación de la pobreza, ocurra mediante un menor gasto de energía fósil por unidad de PIB, lo que se conoce como desacoplamiento entre el crecimiento económico y el consumo energético, es decir, producir más con menos energía.
-Establecer mecanismos justos, claros y transparentes para la transferencia de tecnologías y de recursos económicos de los países desarrollados a los países en desarrollo.
-Implementar una política agresiva por parte de los países responsables de las emisiones de GEI provenientes del cambio de uso de suelo para detener la deforestación y eliminar el uso del fuego en las actividades agropecuarias, lo cual no sólo contribuirá a mitigar el cambio climático, sino a conservar el capital natural necesario para el desarrollo.
-Incrementar los sumideros de captura de CO2 mediante la reforestación de áreas degradadas, así como el pago por el servicio ambiental de retención de carbono que aumentaría la rentabilidad de los bosques en pie.
-Establecer reglas claras para supervisar el control de las emisiones y compromisos vinculantes, es decir obligatorios.
A México, por ser la sede de la próxima COP 16, y por ser un país que ha asumido responsabilidades importantes en el Programa Especial de Cambio Climático, le corresponde una ardua tarea de negociación para lograr un acuerdo en la COP 16. Es necesario reforzar, además, que dicho acuerdo debe surgir en el contexto de las Naciones Unidas, particularmente, como parte de la Conferencia Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático. La vía de los acuerdos multilaterales, que son los únicos incluyentes de todos países y en los que cada país tiene el mismo peso, fueron vilipendiados en la COP 15 y, en especial, Estados Unidos optó, como es costumbre, por las negociaciones (y presiones) bilaterales.
¿Será posible que la humanidad pueda llegar a un acuerdo civilizatorio multilateral de esta envergadura o estará nuestra generación dispuesta a dejar que la catástrofe recaiga sobre quienes hoy están naciendo y que cuando tengan capacidad de tomar decisiones, sea ya demasiado tarde? ¿No es eso privar a nuestros hijos y nietos de su libertad?
12 enero 2010
Copenhague: lo esperado
Fuente: José Sarukhán, para El Universal, 9 de enero de 2010
Ocurrió lo esperado (o lo temido) en Copenhague. Después de largos días de negociaciones, a menudo más cercanos de ser confrontación de posiciones de los países, no se lograron compromisos concretos —ni cercanamente adecuados— de reducciones de gases con efecto de invernadero (GEI) y muchos aspectos importantes quedaron en el aire para ser discutidos en el futuro. Ciertamente fue importante que —como no había ocurrido en el pasado— un muy elevado número de jefes de Estado se hubiesen reunido e involucrado de manera importante en el evento de Copenhague, evitando al menos un completo fracaso de una reunión que no pudo llegar a conclusiones en ninguno de los temas centrales que se tenían que discutir y acordar. Al menos esto es algo notable.
Sin embargo, el problema es que ya no hay mucho tiempo por delante para que esos compromisos se adquieran y los detalles acaben por ser definidos de manera que las consecuencias del calentamiento global y de pérdida de ecosistemas no sean de dimensiones cada vez más severas, costosas e incluso provoquen daños irreversibles. No se trata de una postura catastrofista. Para demostrarlo, basten algunos hechos que ilustran lo que quiero decir.
Nuevos datos indican que la tasa de incremento de emisiones de CO2 entre 2000 y 2007 fue cuatro veces mayor que en la década anterior y esa tasa sigue creciendo; además, las emisiones de metano, después de una década de ser estables, ahora se están incrementando notablemente. En adición, un nuevo GEI, el fluoruro de nitrógeno, que tiene un potencial de captura de calor 17 mil veces mayor que el CO2, está creciendo 11% anual debido a su uso en la industria microelectrónica. Este gas no estaba contemplado en las negociaciones del Protocolo de Kioto. Varios estudios sugieren que, incluso si se mantuviese la concentración de GEI en la atmósfera que había en 2005 (es decir ya no emitiéramos más GEI) es inevitable que la elevación de temperatura del planeta será ya de unos 2.4°C por encima del nivel preindustrial. La pérdida de hielo en la Antártida aumentó a 75%, y los modelos predicen que el Ártico podría quedarse sin hielo en el verano en un periodo que va dentro del siguiente lustro hasta mediados del siglo. La pérdida de hielo de los glaciares de montañas se duplicó entre 2005 y 2006. Y el espacio con el que cuento no me permite dar más datos que muestran que no se trata de catastrofismos irracionales.
Es claro —y justo— que países como China, India o el nuestro, desean crecer y desarrollarse más para tener recursos para mejorar el estándar de vida de sus habitantes y que los países desarrollados tienen grandes intereses e inversiones en su industria que no quieren perder, con el riesgo de volverse menos competitivos. El problema es que los fenómenos globales generados por la forma de crecimiento adoptada por la humanidad, no entienden de estas necesidades, ni de resistencias políticas de Congresos y Senados. Seguirán implacablemente su curso, con los efectos que esto tiene y que resultan desastrosos y que serán —y están siendo— pagados por seres humanos, fundamentalmente aquellos más pobres y más vulnerables del planeta.
Insisto de nueva cuenta en lo que he mencionado anteriormente: estamos ante el reto más grande que ha tenido la humanidad. Ninguna generación antes de la nuestra tuvo la información adecuada para darse cuenta de la necesidad de reducir las emisiones de gases con efecto de invernadero. Ninguna generación después de la nuestra tendrá la oportunidad de reducir esas emisiones a tiempo de evitar los efectos catastróficos de un cambio climático irreversible en escala humana.
Ocurrió lo esperado (o lo temido) en Copenhague. Después de largos días de negociaciones, a menudo más cercanos de ser confrontación de posiciones de los países, no se lograron compromisos concretos —ni cercanamente adecuados— de reducciones de gases con efecto de invernadero (GEI) y muchos aspectos importantes quedaron en el aire para ser discutidos en el futuro. Ciertamente fue importante que —como no había ocurrido en el pasado— un muy elevado número de jefes de Estado se hubiesen reunido e involucrado de manera importante en el evento de Copenhague, evitando al menos un completo fracaso de una reunión que no pudo llegar a conclusiones en ninguno de los temas centrales que se tenían que discutir y acordar. Al menos esto es algo notable.
Sin embargo, el problema es que ya no hay mucho tiempo por delante para que esos compromisos se adquieran y los detalles acaben por ser definidos de manera que las consecuencias del calentamiento global y de pérdida de ecosistemas no sean de dimensiones cada vez más severas, costosas e incluso provoquen daños irreversibles. No se trata de una postura catastrofista. Para demostrarlo, basten algunos hechos que ilustran lo que quiero decir.
Nuevos datos indican que la tasa de incremento de emisiones de CO2 entre 2000 y 2007 fue cuatro veces mayor que en la década anterior y esa tasa sigue creciendo; además, las emisiones de metano, después de una década de ser estables, ahora se están incrementando notablemente. En adición, un nuevo GEI, el fluoruro de nitrógeno, que tiene un potencial de captura de calor 17 mil veces mayor que el CO2, está creciendo 11% anual debido a su uso en la industria microelectrónica. Este gas no estaba contemplado en las negociaciones del Protocolo de Kioto. Varios estudios sugieren que, incluso si se mantuviese la concentración de GEI en la atmósfera que había en 2005 (es decir ya no emitiéramos más GEI) es inevitable que la elevación de temperatura del planeta será ya de unos 2.4°C por encima del nivel preindustrial. La pérdida de hielo en la Antártida aumentó a 75%, y los modelos predicen que el Ártico podría quedarse sin hielo en el verano en un periodo que va dentro del siguiente lustro hasta mediados del siglo. La pérdida de hielo de los glaciares de montañas se duplicó entre 2005 y 2006. Y el espacio con el que cuento no me permite dar más datos que muestran que no se trata de catastrofismos irracionales.
Es claro —y justo— que países como China, India o el nuestro, desean crecer y desarrollarse más para tener recursos para mejorar el estándar de vida de sus habitantes y que los países desarrollados tienen grandes intereses e inversiones en su industria que no quieren perder, con el riesgo de volverse menos competitivos. El problema es que los fenómenos globales generados por la forma de crecimiento adoptada por la humanidad, no entienden de estas necesidades, ni de resistencias políticas de Congresos y Senados. Seguirán implacablemente su curso, con los efectos que esto tiene y que resultan desastrosos y que serán —y están siendo— pagados por seres humanos, fundamentalmente aquellos más pobres y más vulnerables del planeta.
Insisto de nueva cuenta en lo que he mencionado anteriormente: estamos ante el reto más grande que ha tenido la humanidad. Ninguna generación antes de la nuestra tuvo la información adecuada para darse cuenta de la necesidad de reducir las emisiones de gases con efecto de invernadero. Ninguna generación después de la nuestra tendrá la oportunidad de reducir esas emisiones a tiempo de evitar los efectos catastróficos de un cambio climático irreversible en escala humana.
07 enero 2010
Si contamina…no hay crédito
MÉXICO, D.F., México (El Excélsior).- Los proyectos ecológicos y ambientales sirven para las grandes empresas como un gancho para sustentar su desarrollo, pero en particular, se está convirtiendo en un factor fundamental para obtener financiamiento
Las firmas ubicadas en Europa, Asia y Estados Unidos han sido las grandes impulsoras de esta tendencia, aunque en México se está permeando esta práctica.
Ante los problemas de cambio climático, altas emisiones de carbono, escasez de agua, entre otros, las entidades de financiamiento han etiquetado casi como “requisito” para obtener un crédito, ser verde.
De acuerdo con un estudio de la Corporación Financiera Internacional (CFI), las grandes empresas deben cumplir con un “plan ecológico” para ser sujetos de crédito.
El documento precisa que esta exigencia empuja al sector empresarial a transitar hacia una producción más “sustentable”.
Algunos bancos como Cooperative Bank (Reino Unido), Triodos Bank (Holanda) y GLS Gemeinschaftsbank AG (Alemania), fueron los primeros en aplicar esta visión a escala global. Y aunque en México aún no se cuenta con mecanismos similares totalmente implementados, sí hay señales de que se camina hacia esta ruta.
Fuentes de la Asociación de Bancos de México (ABM) aseguran que sólo HSBC y Royal Bank of Scotland, tiene este tipo de proyectos.
De acuerdo con Roy Caple, vocero de HSBC México, las solicitudes de crédito superiores a diez millones de dólares tienen que estar acompañadas por un programa de sustentabilidad para que se puedan aprobar.
“Tiene cuatro años que empezamos con este plan en México y nos ha dado resultado, ya que algunas empresas interesadas en conseguir financiamiento no cumplen con normas ambientales, y como consecuencia, finalmente diseñan un programa de este tipo para ser sujetos de crédito”, comenta.
Este banco pone especial atención en las empresas del ramo químico y farmacéutico.
Ella Vázquez, investigadora del Instituto de Ecología de la UNAM, opina que este tipo de programas funciona en otros países con eficacia porque “no respetar el ambiente es violar una ley”.
En México, en contraste, eso no existe. Los esfuerzos en este tema son aislados y reducidos.
“Es casi una obra de caridad que una empresa diseñe un proyecto ambiental.”
El banco español BBVA condicionó desde 2008 su línea de crédito con una premisa muy sencilla: si una empresa contamina no hay dinero.
Su plan de Ecoeficiencia establece que negará créditos a las empresas que contaminen por encima de la media.
Toda inversión superior a diez millones de dólares pasa por este filtro.
Si los riesgos ambientales son medios o altos, la entidad que pida los recursos tendrá que minimizar sus emisiones, de lo contrario, BBVA les podrá negar la inyección de capital.
El plan tiene recursos de 19 millones de euros, y de acuerdo al mismo, “no importa perder clientes”.
Ecoeficiencia no sólo tiene planes de buena voluntad, ya que se ha puesto metas, y una de ellas es la reducción de 20 por ciento de las emisiones de CO2 para 2012.
Esta medida no es superficial, ya que en naciones como China se elaboró una “lista negra” de 30 empresas que se les ha negado algún préstamo bancario de 2007 a la fecha.
La política denominada “créditos verdes” no permitirá que ningún banco conceda dinero a aquellas empresas que no superen las pruebas ambientales o no apliquen las regulaciones de protección.
La ecología dejó de ser de buenas voluntades para las empresas, ni siquiera es ya parte de un programa de responsabilidad social, ahora es casi una obligación.
Los gobiernos no se quedan atrás, la Unión Europea condicionó los créditos de bajo interés a todas aquellas empresas automotrices que tengan planes ecológicos.
Las firmas ubicadas en Europa, Asia y Estados Unidos han sido las grandes impulsoras de esta tendencia, aunque en México se está permeando esta práctica.
Ante los problemas de cambio climático, altas emisiones de carbono, escasez de agua, entre otros, las entidades de financiamiento han etiquetado casi como “requisito” para obtener un crédito, ser verde.
De acuerdo con un estudio de la Corporación Financiera Internacional (CFI), las grandes empresas deben cumplir con un “plan ecológico” para ser sujetos de crédito.
El documento precisa que esta exigencia empuja al sector empresarial a transitar hacia una producción más “sustentable”.
Algunos bancos como Cooperative Bank (Reino Unido), Triodos Bank (Holanda) y GLS Gemeinschaftsbank AG (Alemania), fueron los primeros en aplicar esta visión a escala global. Y aunque en México aún no se cuenta con mecanismos similares totalmente implementados, sí hay señales de que se camina hacia esta ruta.
Fuentes de la Asociación de Bancos de México (ABM) aseguran que sólo HSBC y Royal Bank of Scotland, tiene este tipo de proyectos.
De acuerdo con Roy Caple, vocero de HSBC México, las solicitudes de crédito superiores a diez millones de dólares tienen que estar acompañadas por un programa de sustentabilidad para que se puedan aprobar.
“Tiene cuatro años que empezamos con este plan en México y nos ha dado resultado, ya que algunas empresas interesadas en conseguir financiamiento no cumplen con normas ambientales, y como consecuencia, finalmente diseñan un programa de este tipo para ser sujetos de crédito”, comenta.
Este banco pone especial atención en las empresas del ramo químico y farmacéutico.
Ella Vázquez, investigadora del Instituto de Ecología de la UNAM, opina que este tipo de programas funciona en otros países con eficacia porque “no respetar el ambiente es violar una ley”.
En México, en contraste, eso no existe. Los esfuerzos en este tema son aislados y reducidos.
“Es casi una obra de caridad que una empresa diseñe un proyecto ambiental.”
El banco español BBVA condicionó desde 2008 su línea de crédito con una premisa muy sencilla: si una empresa contamina no hay dinero.
Su plan de Ecoeficiencia establece que negará créditos a las empresas que contaminen por encima de la media.
Toda inversión superior a diez millones de dólares pasa por este filtro.
Si los riesgos ambientales son medios o altos, la entidad que pida los recursos tendrá que minimizar sus emisiones, de lo contrario, BBVA les podrá negar la inyección de capital.
El plan tiene recursos de 19 millones de euros, y de acuerdo al mismo, “no importa perder clientes”.
Ecoeficiencia no sólo tiene planes de buena voluntad, ya que se ha puesto metas, y una de ellas es la reducción de 20 por ciento de las emisiones de CO2 para 2012.
Esta medida no es superficial, ya que en naciones como China se elaboró una “lista negra” de 30 empresas que se les ha negado algún préstamo bancario de 2007 a la fecha.
La política denominada “créditos verdes” no permitirá que ningún banco conceda dinero a aquellas empresas que no superen las pruebas ambientales o no apliquen las regulaciones de protección.
La ecología dejó de ser de buenas voluntades para las empresas, ni siquiera es ya parte de un programa de responsabilidad social, ahora es casi una obligación.
Los gobiernos no se quedan atrás, la Unión Europea condicionó los créditos de bajo interés a todas aquellas empresas automotrices que tengan planes ecológicos.
06 noviembre 2009
Delito de lesa humanidad, imponer al maíz el 'modelo Monsanto': expertos
Fuente: Periódico La Jornada 04-11-09
Al abrir el campo mexicano a la experimentación con maíz transgénico no sólo se pone en riesgo la biodiversidad de un cultivo básico para la alimentación de 20 por ciento de la población mundial, sino que se propicia el control de las grandes trasnacionales agroalimentarias sobre la semilla, y con ello se estimula un cambio en la articulación del trabajo agrícola que “rompe una cultura milenaria en la organización del cultivo de la tierra ”, advirtieron especialistas del posgrado en desarrollo rural de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
Luciano Concheiro, experto en desarrollo rural y política agraria de esa casa de estudios, señaló que imponer el modelo Monsanto al cultivo del maíz es un “delito de lesa humanidad ”, pues no sólo se pone en riesgo el sustento de una quinta parte de la población del planeta, en particular de los mexicanos. “Más allá del interés de desarrollar maíces genéticamente modificados, subsiste la intención de patentar y registrar esta semilla, con lo que prácticamente se perdería el control de su siembra. ”
“Enfrentamos –indicó– un acto de abierto autoritarismo que se suma a todo el ambiente que vive el país. No hubo un debate público amplio sobre el destino de un alimento básico en la dieta de los mexicanos y de un cultivo con una enorme carga cultural, pues su diversidad genética no es espontánea, sino producto de siglos de trabajo campesino.”
La autorización para crear 22 campos de siembra “experimental ” de maíz transgénico, dada por el gobierno federal a las empresas Monsanto y Dow Agroscience /Pioneer, explicó, “no sólo es una entrega de nuestra agricultura a las trasnacionales, también es una acción que acabará por rematar el desarrollo agrícola del país ”.
Destacó que la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados establece que se cuidará que no existan siembras de dichas semillas en las zonas o regiones consideradas lugares de origen a escala mundial. Pese a ello “no se hizo la territorialización correspondiente y se aprobó un reglamento que en los hechos está por encima de la ley, pues fundamentó la autorización de los campos de experimentación ”.
Delia Patricia Couturier, especialista en desarrollo rural de la UAM-Xochimilco, destacó que “somos el único país que admite siembras experimentales de transgénico en un grano básico para su población, situación que no ocurre en Asia, con el arroz, o en Europa con el trigo, porque se tiene claridad del enorme riesgo que esto implica para la seguridad alimentaria de una nación ”.
Las consecuencias de la contaminación de organismos géneticamente modificados en el maíz criollo destinado al consumo humano en México “pueden ser dramáticas ”, pues “como científicos consideramos que es prácticamente imposible que el daño sea reversible, y esto pone en riesgo uno de los alimentos básicos para millones de mexicanos, pero también para muchas otras naciones que dependen de esta semilla ”.
Al abrir el campo mexicano a la experimentación con maíz transgénico no sólo se pone en riesgo la biodiversidad de un cultivo básico para la alimentación de 20 por ciento de la población mundial, sino que se propicia el control de las grandes trasnacionales agroalimentarias sobre la semilla, y con ello se estimula un cambio en la articulación del trabajo agrícola que “rompe una cultura milenaria en la organización del cultivo de la tierra ”, advirtieron especialistas del posgrado en desarrollo rural de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
Luciano Concheiro, experto en desarrollo rural y política agraria de esa casa de estudios, señaló que imponer el modelo Monsanto al cultivo del maíz es un “delito de lesa humanidad ”, pues no sólo se pone en riesgo el sustento de una quinta parte de la población del planeta, en particular de los mexicanos. “Más allá del interés de desarrollar maíces genéticamente modificados, subsiste la intención de patentar y registrar esta semilla, con lo que prácticamente se perdería el control de su siembra. ”
“Enfrentamos –indicó– un acto de abierto autoritarismo que se suma a todo el ambiente que vive el país. No hubo un debate público amplio sobre el destino de un alimento básico en la dieta de los mexicanos y de un cultivo con una enorme carga cultural, pues su diversidad genética no es espontánea, sino producto de siglos de trabajo campesino.”
La autorización para crear 22 campos de siembra “experimental ” de maíz transgénico, dada por el gobierno federal a las empresas Monsanto y Dow Agroscience /Pioneer, explicó, “no sólo es una entrega de nuestra agricultura a las trasnacionales, también es una acción que acabará por rematar el desarrollo agrícola del país ”.
Destacó que la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados establece que se cuidará que no existan siembras de dichas semillas en las zonas o regiones consideradas lugares de origen a escala mundial. Pese a ello “no se hizo la territorialización correspondiente y se aprobó un reglamento que en los hechos está por encima de la ley, pues fundamentó la autorización de los campos de experimentación ”.
Delia Patricia Couturier, especialista en desarrollo rural de la UAM-Xochimilco, destacó que “somos el único país que admite siembras experimentales de transgénico en un grano básico para su población, situación que no ocurre en Asia, con el arroz, o en Europa con el trigo, porque se tiene claridad del enorme riesgo que esto implica para la seguridad alimentaria de una nación ”.
Las consecuencias de la contaminación de organismos géneticamente modificados en el maíz criollo destinado al consumo humano en México “pueden ser dramáticas ”, pues “como científicos consideramos que es prácticamente imposible que el daño sea reversible, y esto pone en riesgo uno de los alimentos básicos para millones de mexicanos, pero también para muchas otras naciones que dependen de esta semilla ”.
27 octubre 2009
Exigen científicos a FCH moratoria a maíz transgénico
Fuente: Periódico Reforma, 25 de Octubre de 2009
Un grupo de científicos mexicanos y extranjeros enviará mañana al Presidente Felipe Calderón y otros funcionarios del gobierno federal una carta en la que se demanda ampliar la moratoria para la siembra de maíz transgénico en el país.
Luego de que las secretarías de Agricultura y Medio Ambiente informaron en días recientes que se otorgaron los primeros permisos para la siembra experimental en México de semillas del grano modificadas genéticamente, los especialistas advierten el texto que las autoridades no consideraron suficientemente los riesgos en materia de biodiversidad.
"Después de un cuarto de siglo de siembras experimentales y más de una década de distribución comercial de maíz transgénico, existe evidencia plena de que los beneficios que ofrecen estas líneas comerciales no compensan en ningún modo sus grandes desventajas", argumentan.
Al contrario de lo que ocurre con al contaminación química, alertan, los efectos de la introducción de transigentes al germoplasma del maíz podrían ser irreversibles y progresivos.
"Para proteger un recurso invaluable como el germoplasma del maíz mexicano (es necesario) se establezca una moratoria oficial efectiva a los cultivos de maíz genéticamente modificado hasta que no se realice una investigación de largo plazo", señalan.
Entre los firmantes de la carta se encuentran seis Premios Nacionales de Ciencias y dos Premios de la Academia Mexicana de la Ciencias.
El pasado miércoles, la Sagarpa y la Semarnat informaron que han sido expedidos 15 permisos, de un total de 35 solicitudes recibidas, para la realización de siembras experimentales de maíz genéticamente modificado.
Sostuvieron que los permisos otorgados están apegados a la Ley de Bioseguridad Sobre Organismos Genéticamente Modificados y a su Reglamento.
Del total de permisos entregados, detallaron, nueve corresponden a la empresa Monsanto Comercial y seis a la empresa Dow AgroScience/PHI México.
De los nueve correspondientes a Monsanto, tres se realizarán en los campos del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias situados en el municipio de Cajeme, Sonora; tres en los municipios de Ahome, Guasave y Navolato, en Sinaloa, y tres en los de Valle Hermoso, Matamoros y Río Bravo, en Tamaulipas.
De los seis otorgados a Dow AgroScience/PHI México, tres se llevarán a cabo en el Valle del Yaqui y Huatabampo, en Sonora, y tres en Los Mochis, Culiacán; Angostura y Navolato, en Sinaloa
Un grupo de científicos mexicanos y extranjeros enviará mañana al Presidente Felipe Calderón y otros funcionarios del gobierno federal una carta en la que se demanda ampliar la moratoria para la siembra de maíz transgénico en el país.
Luego de que las secretarías de Agricultura y Medio Ambiente informaron en días recientes que se otorgaron los primeros permisos para la siembra experimental en México de semillas del grano modificadas genéticamente, los especialistas advierten el texto que las autoridades no consideraron suficientemente los riesgos en materia de biodiversidad.
"Después de un cuarto de siglo de siembras experimentales y más de una década de distribución comercial de maíz transgénico, existe evidencia plena de que los beneficios que ofrecen estas líneas comerciales no compensan en ningún modo sus grandes desventajas", argumentan.
Al contrario de lo que ocurre con al contaminación química, alertan, los efectos de la introducción de transigentes al germoplasma del maíz podrían ser irreversibles y progresivos.
"Para proteger un recurso invaluable como el germoplasma del maíz mexicano (es necesario) se establezca una moratoria oficial efectiva a los cultivos de maíz genéticamente modificado hasta que no se realice una investigación de largo plazo", señalan.
Entre los firmantes de la carta se encuentran seis Premios Nacionales de Ciencias y dos Premios de la Academia Mexicana de la Ciencias.
El pasado miércoles, la Sagarpa y la Semarnat informaron que han sido expedidos 15 permisos, de un total de 35 solicitudes recibidas, para la realización de siembras experimentales de maíz genéticamente modificado.
Sostuvieron que los permisos otorgados están apegados a la Ley de Bioseguridad Sobre Organismos Genéticamente Modificados y a su Reglamento.
Del total de permisos entregados, detallaron, nueve corresponden a la empresa Monsanto Comercial y seis a la empresa Dow AgroScience/PHI México.
De los nueve correspondientes a Monsanto, tres se realizarán en los campos del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias situados en el municipio de Cajeme, Sonora; tres en los municipios de Ahome, Guasave y Navolato, en Sinaloa, y tres en los de Valle Hermoso, Matamoros y Río Bravo, en Tamaulipas.
De los seis otorgados a Dow AgroScience/PHI México, tres se llevarán a cabo en el Valle del Yaqui y Huatabampo, en Sonora, y tres en Los Mochis, Culiacán; Angostura y Navolato, en Sinaloa
03 agosto 2009
Urge reforma a políticas del campo
Fuente: NOTIMEX
El Consejo Nacional de Organizaciones Campesinas (CONOC) señala que el futuro del sector rural depende no sólo de una reforma al Procampo, sino de la política agroalimentaria que ha aplicado el gobierno federal desde 1982.
Indicó que a pesar de que el campo contó con presupuestos crecientes, se ha generado mayor desigualdad, pobreza y migración del medio rural, donde 10 por ciento de los productores de más altos ingresos concentran 70 por ciento de los ingresos.
En contraste, 80 por ciento de la población rural se encuentra en condiciones de pobreza y 250 mil pobladores migran cada año de sus lugares de origen, abundó el Conoc en un comunicado.
En ese contexto, 80 por ciento del Procampo y 70 por ciento del crédito se concentran en una minoría de agricultores ricos del norte del país y grandes empresas como Maseca, Minsa, Bimbo, Bachoco, Lala, Cargill, Nestlé, Monsanto, Archer Daniels Midland, Gamesa, Corn Products International, entre otras.
Esta situación generó una mayor dependencia alimentaria, ya que 45 por ciento de los alimentos que requieren los mexicanos se importan de Estados Unidos y Canadá, lo que encareció la canasta alimentaria en 70 por ciento entre enero de 2006 y junio de 2009.
El Conoc destacó que en este periodo, también se registró una mayor malnutrición de la población, ya que 20 por ciento de los mexicanos padece hambre y 60 por ciento presenta problemas de obesidad.
Refirió que hay un mayor valor de las importaciones agroalimentarias, que en 2008 ascendió a 20 mil millones de dólares, mientras el déficit en la balanza comercial agroalimentaria fue de cinco mil millones de dólares, en el mismo año.
El Consejo Nacional de Organizaciones Campesinas (CONOC) señala que el futuro del sector rural depende no sólo de una reforma al Procampo, sino de la política agroalimentaria que ha aplicado el gobierno federal desde 1982.
Indicó que a pesar de que el campo contó con presupuestos crecientes, se ha generado mayor desigualdad, pobreza y migración del medio rural, donde 10 por ciento de los productores de más altos ingresos concentran 70 por ciento de los ingresos.
En contraste, 80 por ciento de la población rural se encuentra en condiciones de pobreza y 250 mil pobladores migran cada año de sus lugares de origen, abundó el Conoc en un comunicado.
En ese contexto, 80 por ciento del Procampo y 70 por ciento del crédito se concentran en una minoría de agricultores ricos del norte del país y grandes empresas como Maseca, Minsa, Bimbo, Bachoco, Lala, Cargill, Nestlé, Monsanto, Archer Daniels Midland, Gamesa, Corn Products International, entre otras.
Esta situación generó una mayor dependencia alimentaria, ya que 45 por ciento de los alimentos que requieren los mexicanos se importan de Estados Unidos y Canadá, lo que encareció la canasta alimentaria en 70 por ciento entre enero de 2006 y junio de 2009.
El Conoc destacó que en este periodo, también se registró una mayor malnutrición de la población, ya que 20 por ciento de los mexicanos padece hambre y 60 por ciento presenta problemas de obesidad.
Refirió que hay un mayor valor de las importaciones agroalimentarias, que en 2008 ascendió a 20 mil millones de dólares, mientras el déficit en la balanza comercial agroalimentaria fue de cinco mil millones de dólares, en el mismo año.
16 julio 2009
Abusan publicistas del marketing verde
Fuente: Periódico El Universal.
El boom en la difusión de mensajes publicitarios de productos que ofrecen proteger la ecología comenzó a ser un tema de preocupación para las organizaciones ambientalistas mexicanas porque, aseguran, mucha de esta propaganda resulta engañosa, falsa o inexacta.
El boom en la difusión de mensajes publicitarios de productos que ofrecen proteger la ecología comenzó a ser un tema de preocupación para las organizaciones ambientalistas mexicanas porque, aseguran, mucha de esta propaganda resulta engañosa, falsa o inexacta.
En el continente europeo, sobre todo en Reino Unido y España, la polémica se concretó en una serie de códigos de buenas prácticas que los anunciantes se comprometieron a acatar para no mentir a los compradores y utilizar términos que fueran constatables.
En México, sin embargo, no existe una regulación al respecto, pese a que en los últimos años han proliferado este tipo de anuncios, sobre todo en el sector automotriz, pero también cuando se promocionan aditivos para coches, aparatos eléctricos, pañales, focos, detergentes, jabones y hasta pijamas orgánicas.
Teresa Ribera, secretaria de Estado de Cambio Climático en España, explicó a KIOSKO que la proliferación de anuncios que utilizan como gancho el tema ecológico “pero que no lo hacen con mucha exactitud” puede generar incredulidad y desconfianza en los consumidores, además de que ponen en duda la efectividad de las políticas públicas enfocadas a proteger el medio ambiente.
Exigen mecanismo de certificación
La organización ambientalista Greenpeace se ha pronunciado en contra de esta “mercadotecnia verde” empleada, sobre todo, por la industria automotriz “que sólo engaña al público”.
Greenpeace México protestó públicamente en abril de 2008 por el anuncio publicitario de un automóvil compacto que supuestamente era “verde” con “Cero (emisiones) CO2 (dióxido de carbono)”, a pesar de que “eso técnicamente es incierto”.
“No existen los autos verdes. No hay ninguna evidencia de que el uso de autos híbridos o de turbodiesel disminuya el cambio climático. La industria automotriz emite 18% de los gases que son los causantes del cambio climático”, explicó la organización no gubernamental.
Alejandro Calvillo, director de El Poder del Consumidor, señaló que frente a la problemática ambiental en México hay una mayor promoción de productos verdes en el mercado, pero que se publicitan más como una moda que con un compromiso real por la ecología.
Consideró que para evitar que el consumidor sea engañado debe haber un mecanismo de certificación a través del cual se pueda verificar la autenticidad de los productos que se ofertan como amigables con el medio ambiente.
Pablo Uribe, especialista del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda), alertó sobre otro uso que se le ha dado a la publicidad verde en los desarrollos turísticos que se promocionan como sustentables y ecológicos a pesar de que su construcción implica de entrada la destrucción del ecosistema.
Citó como ejemplo que en Baja California existen al menos dos desarrollos turísticos en construcción que cuentan con hoteles, viviendas, campos de golf y marinas, pero cuya edificación implicó la destrucción parcial de manglares.
“Los desarrolladores están usando la etiqueta verde porque se están dando cuenta de que el mercado lo está demandando ante la crisis ambiental, pero sólo se trata de una enmascarada porque finalmente engañan a los compradores”, señaló el ambientalista.
Autorregulación, el camino
La secretaria de Estado de Cambio Climático en España explicó que a partir de estudios realizados por la Universidad de Valladolid, el Ministerio de Medio Ambiente convocó a los sectores automotriz y energético para que elaboraran códigos contra el abuso de argumentos “sustentables” en la publicidad.
“En el sector automotriz tenemos por ejemplo que no se puede decir que un auto es ecológico porque no lo es, eso es incorrecto. Puede ser que se use tecnología que reduzca las emisiones de contaminantes en un auto, pero no por ello su uso es ecológico. Tienen que especificar en qué volumen reducen la emisión de contaminantes”, explicó a KIOSKO durante una breve visita a México.
“No queríamos que se hiciera una regulación desde el Estado, sino que los mismos anunciantes elaboraran sus propios códigos y que establecieran sus compromisos”, comentó Teresa Ribera.
Luis Ángel Quintero, director creativo de Alazraki Publicidad, fue uno de los primeros publicistas que incursionó en el “mercado verde”. En el 2007 publicitó un aditivo que mejora la combustión de los automóviles. “La publicidad verde es un campo muy fértil en México pero poco utilizado, y es curioso porque estamos transitando hacia la importancia de tener una vida saludable y amigable con el medio ambiente, pero pocos la han explotado”, consideró.
El diputado federal del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), Manuel Salgado Amador, también se pronunció en contra de la “publicidad engañosa que se utiliza en prejuicio de los consumidores” en el caso de los desarrolladores turísticos que ocasionan daños ambientales para construir hoteles y después los ofrecen como “paraísos sustentables” o “conservacionistas”.
El boom en la difusión de mensajes publicitarios de productos que ofrecen proteger la ecología comenzó a ser un tema de preocupación para las organizaciones ambientalistas mexicanas porque, aseguran, mucha de esta propaganda resulta engañosa, falsa o inexacta.
El boom en la difusión de mensajes publicitarios de productos que ofrecen proteger la ecología comenzó a ser un tema de preocupación para las organizaciones ambientalistas mexicanas porque, aseguran, mucha de esta propaganda resulta engañosa, falsa o inexacta.
En el continente europeo, sobre todo en Reino Unido y España, la polémica se concretó en una serie de códigos de buenas prácticas que los anunciantes se comprometieron a acatar para no mentir a los compradores y utilizar términos que fueran constatables.
En México, sin embargo, no existe una regulación al respecto, pese a que en los últimos años han proliferado este tipo de anuncios, sobre todo en el sector automotriz, pero también cuando se promocionan aditivos para coches, aparatos eléctricos, pañales, focos, detergentes, jabones y hasta pijamas orgánicas.
Teresa Ribera, secretaria de Estado de Cambio Climático en España, explicó a KIOSKO que la proliferación de anuncios que utilizan como gancho el tema ecológico “pero que no lo hacen con mucha exactitud” puede generar incredulidad y desconfianza en los consumidores, además de que ponen en duda la efectividad de las políticas públicas enfocadas a proteger el medio ambiente.
Exigen mecanismo de certificación
La organización ambientalista Greenpeace se ha pronunciado en contra de esta “mercadotecnia verde” empleada, sobre todo, por la industria automotriz “que sólo engaña al público”.
Greenpeace México protestó públicamente en abril de 2008 por el anuncio publicitario de un automóvil compacto que supuestamente era “verde” con “Cero (emisiones) CO2 (dióxido de carbono)”, a pesar de que “eso técnicamente es incierto”.
“No existen los autos verdes. No hay ninguna evidencia de que el uso de autos híbridos o de turbodiesel disminuya el cambio climático. La industria automotriz emite 18% de los gases que son los causantes del cambio climático”, explicó la organización no gubernamental.
Alejandro Calvillo, director de El Poder del Consumidor, señaló que frente a la problemática ambiental en México hay una mayor promoción de productos verdes en el mercado, pero que se publicitan más como una moda que con un compromiso real por la ecología.
Consideró que para evitar que el consumidor sea engañado debe haber un mecanismo de certificación a través del cual se pueda verificar la autenticidad de los productos que se ofertan como amigables con el medio ambiente.
Pablo Uribe, especialista del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda), alertó sobre otro uso que se le ha dado a la publicidad verde en los desarrollos turísticos que se promocionan como sustentables y ecológicos a pesar de que su construcción implica de entrada la destrucción del ecosistema.
Citó como ejemplo que en Baja California existen al menos dos desarrollos turísticos en construcción que cuentan con hoteles, viviendas, campos de golf y marinas, pero cuya edificación implicó la destrucción parcial de manglares.
“Los desarrolladores están usando la etiqueta verde porque se están dando cuenta de que el mercado lo está demandando ante la crisis ambiental, pero sólo se trata de una enmascarada porque finalmente engañan a los compradores”, señaló el ambientalista.
Autorregulación, el camino
La secretaria de Estado de Cambio Climático en España explicó que a partir de estudios realizados por la Universidad de Valladolid, el Ministerio de Medio Ambiente convocó a los sectores automotriz y energético para que elaboraran códigos contra el abuso de argumentos “sustentables” en la publicidad.
“En el sector automotriz tenemos por ejemplo que no se puede decir que un auto es ecológico porque no lo es, eso es incorrecto. Puede ser que se use tecnología que reduzca las emisiones de contaminantes en un auto, pero no por ello su uso es ecológico. Tienen que especificar en qué volumen reducen la emisión de contaminantes”, explicó a KIOSKO durante una breve visita a México.
“No queríamos que se hiciera una regulación desde el Estado, sino que los mismos anunciantes elaboraran sus propios códigos y que establecieran sus compromisos”, comentó Teresa Ribera.
Luis Ángel Quintero, director creativo de Alazraki Publicidad, fue uno de los primeros publicistas que incursionó en el “mercado verde”. En el 2007 publicitó un aditivo que mejora la combustión de los automóviles. “La publicidad verde es un campo muy fértil en México pero poco utilizado, y es curioso porque estamos transitando hacia la importancia de tener una vida saludable y amigable con el medio ambiente, pero pocos la han explotado”, consideró.
El diputado federal del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), Manuel Salgado Amador, también se pronunció en contra de la “publicidad engañosa que se utiliza en prejuicio de los consumidores” en el caso de los desarrolladores turísticos que ocasionan daños ambientales para construir hoteles y después los ofrecen como “paraísos sustentables” o “conservacionistas”.
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