Imagen: Parque Nacional Cabo Pulmo.

13 septiembre 2011

Energía: ¿impulso o inercia?

Fuente: Periódico Reforma, 13 de septiembre de 2011.

Una mirada fría a las estadísticas fundamentales del sector energético mexicano -que aparecen en el Quinto Informe de Gobierno- nos muestra una industria con tendencias inerciales, que tiene dificultad para enfrentar los retos de crecimiento del País.


En el primer semestre del 2011, las reservas y producción de crudo, también de gas natural, mostraron una leve disminución en términos anuales. Aún no se logra la plena reposición de las reservas petroleras. Los índices de perforación de pozos, de descubrimientos y de producción de refinados sufrieron fuertes bajas. La importación de gasolinas sigue al alza. El presupuesto de inversión de Pemex tiene subejercicio este año.

La demanda de electricidad aumentó 6.7 por ciento en términos anuales, pero la capacidad instalada de generación no creció (por fortuna, había un amplio margen de reserva por el bajo crecimiento económico en años anteriores). Se están construyendo 4 mil megawatts de nueva capacidad, pero ese nivel de actividad es aún muy inferior al ritmo de crecimiento de la demanda.

Estos indicadores no serían preocupantes, si reflejaran mayor eficiencia y transición hacia energías limpias y un modelo energético más sustentable con menor uso de combustibles fósiles. Pero no hay evidencia en ese sentido. Consumimos más petróleo, más gasolina. La industria eléctrica consumió más gas natural -por la baja en el precio de este combustible relativamente limpio-, pero también más carbón, hidro y nuclear y produjo menos energía eólica en el primer semestre.

La realidad que hereda el nuevo Secretario de Energía, Jordy Herrera, es la de una industria energética que cambia poco y muy lentamente. Pemex se sostiene con los precios del petróleo, no por el avance de sus principales proyectos o de las reformas legisladas en 2008. Los líderes del sector ya no piden ni promueven reformas, se han vuelto conformistas, en parte por el riesgo que implica el crimen organizado que incluso ha penetrado algunos ámbitos del sector. Ello contribuye a los resultados inerciales y a la poca ambición y a los atrasos en los proyectos.

Herrera promete dar un impulso al sector, acelerar la transformación de Pemex y CFE, suministrar energéticos con eficiencia y a precios competitivos y profundizar en la transición energética. Son buenas intenciones, pero serán difíciles de concretar a fin de sexenio, porque implican superar inercias, opacidades, burocracia y oponerse a intereses creados.

Si Herrera desea acelerar la transformación de Pemex, deberá implementar un "programa de reestructuración del organismo, basado en los principios de racionalidad administrativa y eficiencia para evitar la duplicidad de actividades y reducir los costos de operación", tal y como lo exige el Transitorio Décimo Quinto de la Ley de Petróleos Mexicanos. Sin embargo, los directores y consejeros de Pemex siguen incumpliendo este mandato.

Si desea suministrar energéticos con la mayor eficiencia, evitando desperdicios e impactos ambientales negativos, habría que entrarle en serio al tema de las estructuras tarifarias y los subsidios mal focalizados, sobre todo en gasolina y electricidad. Sin embargo, este Gobierno no ha mostrado interés en este tema y casi se puede descartar que lo haga en época electoral.

En cuanto a la transición a la sustentabilidad, los esfuerzos y la asignación de recursos han sido insignificantes hasta ahora frente a la magnitud de los retos. La promoción de la sustentabilidad y la transición energética ha sido un bonito discurso para la Secretaría de Energía, pero se necesitan acciones profundas y la cercanía del fin de sexenio no facilita aplicar una visión de largo plazo. El Secretario Herrera es ahora quien tiene la palabra y la oportunidad de hacerlo. ¿Lo hará?

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